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Buñuelos de Todos los Santos

>> martes 3 de noviembre de 2009

buñuelos de santo
Pues sí que es original esta mujer, estaréis pensando... sí, pero comprendedme, que esta receta va dirigida a los habitantes del mundo que no parlan español, los que leen mi blog en inglés... que sí, que hay gente que lo lee, lo juro por Snoopy. Y al igual que con otros platillos, aquí estoy yo para proclamar la buena nueva de los buñuelos por todo el mundo y, si va acompañada de degustación, mejor que mejor. Aprovecho para mandar esta receta al HEMC de este mes, patrocinado por Erika, de La ventolera, que ha elegido como tema las recetas de mi pueblo. No del mío, del de cada uno. Que todo hay que explicároslo, hombre. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, dadas las fechas que son he elegido un dulce típico de la región de Madrid, aunque también de muchos otros lugares: los buñuelos. Se consumen a millares para festejar el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, como ilustración inequívoca del refrán que dice "el muerto al hoyo y el vivo al bollo"... ays.


Los buñuelos son unos dulces redonditos con diversos rellenos. La base es una masa tipo choux que, a diferencia de esta, se fríe en lugar de hornearse. Al freír la masa se hincha y ahueca, razón por la que estos dulces sin rellenar se llaman buñuelos de viento. Una vez fritas las bolitas se rellenan con nata montada, crema pastelera, crema de chocolate... en los últimos años se ha innovado mucho en el tema de los rellenos, pero a mí me gustan los clásicos, qué queréis que os diga.

La receta que he utilizado, tanto para la masa como para el relleno, es del libro de la Thermomix 21, de modo que quienes tengáis el aparatejo ya sabréis cómo hacerlo todo.

Buñuelos de viento (receta de Thermomix)

  • 250 g de agua
  • 170 g de harina
  • 4 huevos grandes
  • 2 cucharadas de mantequilla (la receta original pone 1 c. de mantequilla y otra de manteca de cerdo, pero yo no tenía)
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1 cucharadita de levadura
  • 1 pizco de sal
  • Aceite de girasol para freír (ya sabéis que se aconseja para freír dulces, porque es muy soso)

Se pesa la harina, se mezcla con la levadura y se reserva. Se calienta el agua con la mantequilla, el azúcar y el pizco de sal hasta que hierva. En este momento se quita el cazo del fuego y se echa la harina de golpe, al tiempo que se remueve enérgicamente. Se vuelve a poner al fuego y se remueve hasta que se hace una bola. Ya fuera del fuego, se deja enfriar un poco y se van añadiendo los huevos batidos poco a poco, mezclando bien entre porción y porción de huevo. Se deja templar otro poco.

Se pone aceite de girasol a calentar en una sartén honda a fuego medio. Se pone el aceite necesario para que los buñuelos floten cómodamente. Se van cogiendo con dos cucharas de postre bolitas de masa más pequeñas que una nuez, pues al freírse casi cuadruplican el volumen, que se van zambullendo en el aceite. Los buñuelos son unos pequeños entes muy colaboradores, que se dan la vuelta ellos solos cuando están hechos por un lado. Qué majos, ellos. Dejadlos que se doren bien, si no han cuadruplicado su volumen es que igual no están bien hechos por dentro. Por cierto, que si a alguien le salen redonditos como los de las confiterías, que me diga cómo lo hace. Mis buñuelos son muy suyos y adoptan la forma que les da la real gana. Cuando están doraditos y bien inflados se van sacando con una espumadera. Se dejan enfriar.

Crema pastelera para relleno (receta de Thermomix)
  • 3 huevos grandes
  • 750 g de leche
  • 150 g de azúcar
  • 50 g de ron
  • 60 g de harina
Se echan todos los ingredientes en la Thermoflix y se procede como dice en su libro de recetas. Si no tenéis, pues ya sabéis, en un cazo sobre el fuego, mejor al baño María. Se remueve, se remueve y se remueve hasta que la crema empieza a cuajar. En cuanto alcanza la consistencia deseada, se quita del fuego y se vierte en un recipiente amplio y llano, y se tapa con film de plástico para que no forme costra. Se deja enfriar.


Con la crema a temperatura ambiente se llena una manga pastelera con boquilla fina, se perfora cada buñuelito (qué dolor) y se introduce el relleno. Esto de la manga pastelera es una castaña de aquí te espero... Reconozco que me comí unos cuantos buñuelos sin rellenar mientras rellenaba los demás, estaban tan ricos... En fin, si se quieren consumir los buñuelos ipso facto se espolvorean con azúcar glas y se degluten... sin compasión. Aunque me esté mal el decirlo, la crema salió exquisita. El ron añejo de Venezuela traído por una pariente lejana surtió un gran efecto, le daba un sabor delicioso.


Animaos a hacer estos buñuelos. No es ni la mitad de difícil que parece y el resultado merece la pena, están tan ricos o más que los comprados y sin conservantes ni colorantes... Eso sí, es un pelín laborioso, pero es solo una vez al año. Bueno, si queréis hacerlos más veces al año, ya es cosa vuestra...


¿Te pica la curiosidad?

Salmón ahumado al té

>> viernes 30 de octubre de 2009


Me encanta el salmón y si es ahumado, más aún. Hace ya tiempo tuvimos la buena fortuna un día de que mi cuñado H., que es un gran cocinero, nos sirviera un delicioso salmón casero ahumado en caliente. ¿Ahumado en caliente en casa? Hasta aquel día yo no tenía ni idea de que eso existiera. Pues, queridas criaturas, si estáis tan desinformados como yo, os comunico que existen dos técnicas para ahumar pescados: en caliente y en frío, con resultados completamente distintos. H. me explicó que él lo hacía en un artefacto que se había comprado en Suecia con serrín también comprado allí... pero es que a mí... qué sé yo, me pilla un poco a trasmano, hoy no me viene bien acercarme... Así que, como me quedé impresionada por la sabrosura del salmón en cuestión, me tuve que buscar la vida de otra manera.


El tema del ahumado de pescado se explica estupendamente en esta cita del Grupo Gastronómico Gaditano:

El ahumado es un método de conservación que se ha usado para aprovechar los momentos de abundancia y conservar los alimentos, pero al mismo tiempo el hombre se dio cuenta que los ahumados adquirían una textura, aroma y sabor bastante agradable al paladar. Es una práctica tan antigua como la desecación o la salazón, se usaba fundamentalmente en zonas costera del norte de Europa.

Las propiedades del humo como conservante fueron conocidas desde antiguo, aunque ahora sabemos además cuales son las sustancias que lo integran y por tanto conocemos la presencia de los compuestos como el guayacol y sus derivados, los ácidos grasos volátiles y el formaldehído, sustancias estas que inhiben el desarrollo de gérmenes, sin embargo este proceso no asegura la conservación ilimitada del pescado ya que la cantidad de humo que se fija en la carne y piel del pescado no es muy grande y depende especialmente de la duración del proceso.

Los pescados se pueden ahumar en frío o en caliente, el ahumado en frío es aquel tratado con humo recién obtenido en un ambiente con una temperatura inferior a 30ºC y el pescado ahumado en caliente es aquel que procede de un tratamiento con humo recién obtenido en condiciones térmicas que superen los 60 ºC.

Los pescados ahumados en frío se conservan, por tanto, durante un periodo mas largo porque se someten a unas salazones mas intensas y se exponen durante mas tiempo al humo.

La cosa es que busca, buscando por la Internete me encontré con este post de la criatura Marcela, de La Majuluta, explicando el método del ahumado con hojas de té y me dije: si ella puede, yo también... caramba. Pues no soy pelusona yo ni nada. Así que me decidí por el delicado ahumado con té en lugar de con serrín (¿con serrín yo? qué cosa más zafia). Parece ser que, como dice Marcela en su blog, el ahumado con té es una técnica ancestral de la cocina china. Además, tenía yo en mi despensa una bolsita de té verde, que compré por la cosa de los antioxidantes, para antioxidarme a conciencia. Lo malo fue que me topé con el problema de siempre: que por mucho que pruebe el té, no me gusta de ninguna de las maneras. Así que el té seguía ahí reposando y yo sin antioxidarme debidamente... qué mejor ocasión que esta para darle salida (¿los antioxidantes requemados servirán para algo?). Y solo hace falta una sartén o cazuela un poco honda que se pueda tapar bien, supongo que un wok va fenómeno.

Salmón ahumado con té
  • 600 g de salmón
  • 3 puñados de arroz
  • 3 puñados de azúcar
  • 3 cucharadas de té verde (podrá ser de cualquier color, la receta de Marcela es con té negro, la mía funcionó con verde)
  • Sal al gusto
  • Papel aluminio

Preferí no añadir hierbas, a diferencia de lo que recomienda Marcela, para apreciar el efecto del té en toda su extensión. Tampoco unté de aceite el pescado, porque el salmón ya tiene mucha grasa. Se forra el fondo del recipiente que se va a usar con papel aluminio. Se esparce entonces el arroz, el azúcar y el té. Se tapan con un redondelito de papel aluminio. Se sala bien el pescado. Es perfecto tener una rejillita sobre la que descansarlo, para que gotee la grasa que desprende y para que ofrezca más superficie de contacto con el humo. Yo no tenía, así que tuve que poner las tajadas directamente sobre el aluminio. Luego me di cuenta de que se puede utilizar una rejilla para cocinar al vapor, en una cazuela bien honda. Pues bien, se tapa el recipiente y se enciende el fuego a potencia media. Enseguida se aprecian volutas de humo (eso si la cazuela tiene tapa de cristal como la mía). Mis tajadas tardaron unos 20 minutos, el tiempo depende del grosor, como es natural. Esta técnica no deja de ser una cocción aromatizada. Pero os aseguro que el resultado merece la pena, el té le da al salmón un sabor riquísimo. Eso sí, en mi casa quedó luego un olor a quemado que daba gloria. Quizá mis tajadas de pescado eran muy gordas y se requemó mucho el arroz. La próxima vez probaré con filetes más finitos, que mis vecinos debieron estar a punto de llamar a los bomberos. Esto me sugiere que este plato es bueno para fomentar la fraternidad entre congéneres... que luego dicen que no tenemos contacto con quienes nos rodean... no hay nada como ahumar la casa para esto. Aunque a lo mejor los vecinos se arrepienten de conocerme. No abundemos en este tema.


Mi pariente servía este salmón con algo de mahonesa sobre una tosta de pan... pero las posibilidades son infinitas, al gusto de cada cual. Yo me lo tomé el día que lo preparé con unas patatitas panadera de acompañamiento, sin más... sencillo y delicioso.

¿Te pica la curiosidad?

La bica mantecada de Arsenio

>> domingo 25 de octubre de 2009


El día 10 de octubre asistí a otro cursito en La cocina de Babette (estoy enviciada, qué le vamos a hacer, mejor estar en casa de Bea que haciendo daño por la calle, como decían Faemino y Cansado), esta vez sobre maíces ecológicos y sus elaboraciones típicas en Galicia, más concretamente en Orense. No pude resistirme cuando vi el programa del curso, que incluía aprender a hacer empanada de millo y bica... dos de mis delicias gallegas favoritas.


La bica es un bizcocho algo denso, típico sobre todo de algunas zonas de Orense. Yo conozco de primera mano la de Puebla de Trives, por haber estado por allí dos o tres veces. Que por cierto, recomiendo la visita, es un sitio precioso, en una zona natural poco destrozada aún. Del estupendo libro Repostería en Galicia, de Mariano García y Fina Casalderrey, extraigo estos párrafos sobre la bica (está escrito en gallego, la traducción macarrónica es mía):

Son las tierras de la provincia de Orense las que mejor dominan el arte de elaborar las bicas, utilizando además este nombre como propio y reivindicándolo para sí. (...)
Es cierto que a los foráneos es la bica de Trives la que les suena en mayor medida, aunque, como recogemos en Castro Caldelas, el punto de donde partió no esté tan claro y haya entre los pueblos vecinos una cierta rivalidad por reivindicar su procedencia.(...)
Las bicas mantecadas de Vilariño de Conso o de Manzaneda... son igualmente sabrosas.
En este libro se incluyen cinco recetas de bica, representativas de las múltiples variantes existentes de esta preparación: bicas amarillas, blancas (en las que solo se utilizan las claras de los huevos), de maiz, mantecadas, etc. La bica mantecada se caracteriza por llevar una cantidad ingente de mantequilla e incluir masa de pan para levar. Aunque para todas recomiendan usar harina de fuerza.


Retomando el hilo, el curso de preparaciones tradicionales con harina de maíz fue impartido por el encantador Sr. Arsenio Landa, propietario de una finca de agricultura ecológica en la Baixa Limia. Esta finca está dedicada fundamentalmente al cultivo de maíces autóctonos, cultivo que en Galicia está muy abandonado en favor de maíces híbridos. Arsenio lleva desde el año 1999 estudiando las distintas variedades de maíces tradicionales gallegos, portugueses y de otros lugares, obteniendo variedades mejoradas, haciendo pruebas de panificación de variedades escogidas, estudiando la elaboración de productos de panadería y repostería con ellas, y también la elaboración de productos para celíacos, e investigando sobre la producción, procesado, conservación y envasado del grano, harina y productos elaborados, en vistas a una posible recuperación de estas tradiciones (vaya rollo que he soltado, todas estas actividades están descritas en un bonito tríptico que nos facilitó Arsenio). Como nota al margen, recomiendo este curso por su interés intrínseco y por las excelentes cualidades de comunicador de Arsenio, cuyas anécdotas me encantaron y darían para dos o tres cursos más. Además, tiene el valor añadido de que todas las preparaciones hechas en el día, empanadas, pizzas, panes y demás, se degluten allí mismo a la hora de comer... Sé lo que estáis pensando... sí, todos los participantes quedamos convenientemente rellenos cual gochos.

Esta bica mantecada de maíz no nos dio tiempo a hacerla en la clase, pero Arsenio nos recomendó encarecidamente que la hiciéramos en casa, porque era exquisita. Y como yo soy una niña muy obediente, unos días después del curso me decidí a preparar la bica.

Bica mantecada de maíz
  • 180 g de mantequilla
  • 450 g de azúcar (yo puse sólo 400 y la encontré bien de dulce)
  • 8 huevos
  • 250 g de masa de pan de maíz
  • 250 g de mezcla de harina de maíz y harina de fuerza al 50%
  • Ralladura de limón
Esta receta es prácticamente idéntica a la que aparece en el libro de Fina Casalderrey.

Masa de pan de maíz
  • 700 g de mezcla de harina de maíz y harina de fuerza al 50%
  • 450 ml de agua templada (yo la puse a 25 °C)
  • 1 sobre de levadura de panadería
  • 2 cucharaditas de sal marina
Estas son las cantidades que utilizamos en el curso para hacer la masa de pan, que luego aplicamos en distintas preparaciones. La cantidad que se utiliza para la bica es la cuarta parte. Aunque podéis preparar la masa entera y congelar porciones para pizzas o empanadas, que salen riquísimas.


Pues bien, en primer lugar se prepara la masa de pan. Se mezcla la levadura con la harina y el agua templada con la sal. Se hace un hueco en la harina y se echa el agua salada, dejando una pequeña cantidad en el vaso por si acaso. Se mezcla a mano, Arsenio recomienda hacerlo así para ir controlando la hidratación. Se amasa hasta conseguir una masa blandita y que no se pegue. Se deja doblar de volumen en un cuenco aceitado y tapado, alrededor de dos horas.


Una vez que se tiene la masa bien fermentada se procede a preparar la bica. Se bate la mantequilla en pomada con el azúcar hasta que la mezcla blanquee. Se añaden los huevos en dos tandas con la ralladura y se bate todo hasta que se incorporen bien. A continuación se va añadiendo la masa de pan en porciones y, por último, la mezcla de harinas. Se pone la masa en un molde rectangular o cuadrado, untado de mantequilla y espolvoreado de harina. Las bicas se preparan tradicionalmente en una lata. Yo la horneé sobre papel sulfurizado para poder sacarla con facilidad. Mi molde mide 35 cm x 31 cm aproximadamente; es un poco grande, la bica sale muy bajita, lo tradicional es que sea un poco más alta, pero es lo que tenía. Se mete de inmediato la bica al horno, previamente precalentado a 190 ºC, y se deja media hora. El crecimiento es muy uniforme y la superficie se tuesta bonitamente. Se comprueba la cocción con una brocheta y, si está cocida, se saca. Se deja enfriar un poco y se desmolda. Para servir se corta en cuadrados que se espolvorean con azúcar glas y canela.


Y Arsenio tenía razón: está deliciosa. Tiene un sabor excelente, se aprecia algo el salvado del maíz al masticar (el maíz que incluía Arsenio en el curso es prácticamente integral) y el suculento color amarillo subido que se ve en las fotos no es exagerado en absoluto, es tal cual. El dulce perfecto para una fría y ventosa noche de otoño, junto a la chimenea, como las que, espero, estén casi al caer...

¿Te pica la curiosidad?

Minihuevos al plato en tartaletas de trigo sarraceno

>> martes 20 de octubre de 2009


Menudo título rebuscado. Parece de alta cocina y os aseguro que no lo es. Es tan solo la actualización de un platillo muy, muy tradicional para el HEMC de octubre, auspiciado por La Quinta de Luculus, que ha escogido el tema de aperitivos. Con la cantidad de posibilidades que hay con este tema podría haber hecho 145 posts, pero solo he hecho uno, entre otras cosas por falta de tiempo. Y además apurando a tope, casi el último día para presentar propuestas, aquí llego como un bólido con mi humilde aportación: huevos al plato, pero en tartaletas de masa quebrada y en versión mini con huevos de codorniz, para comer en dos bocados. Que por otra parte, puestos en una tartaleta no deberían llamarse huevos al plato, sino huevos a la tartaleta... ay, que me lío.


Los huevos al plato eran un plato típico en mi casa cuando yo era pequeña. Digo mal, era típico para los adultos de la casa, porque mi hermana y yo no consentíamos en probar una cosa tan marciana y tan distinta de los huevos fritos y el tomate frito que adorábamos, podió... están locos estos adultos. Así que como ahora ya he madurado, al menos un poco, se me ocurrió "revisitar" este plato de rancia historia y convertirlo en un plato miniatura, que se pudiese comer de dos bocados. No creo que sea muy original esta ocurrencia, en cualquier caso tampoco me he ocupado de comprobar si ya se ha hecho, seguro que sí. Pero me importa tres pepinos, menuda soy yo. La masa quebrada para las tartaletas me apeteció hacerla con una parte de trigo sarraceno, sabéis que me chifla esto de las harinas raritas.



Minihuevos al plato en tartaletas de trigo sarraceno

Masa quebrada:

  • 140 g de harina normal
  • 140 g de harina de trigo sarraceno (en herbolarios)
  • 125 g de mantequilla
  • 1 pizco de sal
  • 100 ml de agua fría
Huevos al plato, por tartaleta:
  • 1 huevo de codorniz
  • 1 puñaíco de guisantes
  • 1 puñaíco de taquitos de jamón o chorizo
  • 1 cucharada de buen tomate frito (si es casero, mejor que mejor, porque el fondo de tomatillo les da la mitad de la gracia)
Se empieza por hacer la masa quebrada. Yo utilizo la receta de Cristina Galiano, de su libro Utiliza tus Thermomix a tope. En este caso la adapté cambiando la mitad de la harina por harina de trigo sarraceno. Se mezcla la harina con la sal y se añade la mantequilla en trocitos, bastante fría, pero no recién sacada del frigo. Se puede mezclar con la punta de los dedos hasta obtener una mezcla arenosa o se puede hacer lo mismo con un robot. Se añade el agua fría y se amasa a mano o con robot, hasta que se forme una bola y toda el agua esté absorbida, pero sin pasarse de manipulación. Se enmantequillan y enharinan los moldes que se quieran utilizar. Se estira la masa con rodillo hasta un grosor de 2 mm, aproximadamente, y se forran los moldes. Hay que tener cuidado, porque no tiene tanta "liga" como si fuera toda de trigo y se rompe con algo más de facilidad. Según aconseja la señora Galiano, yo meto los moldes con la masa en el congelador (cuando son pequeñitos se congelan en un chis) para que se congelen un poquito. De esta manera te evitas el tener que ponerles las legumbres o pesos cuando horneas la masa en vacío, ni siquiera es necesario pinchar la base de la masa. Os aseguro que es un truco que funciona.

Se hornean las tartaletas en vacío unos 10 minutos en el horno precalentado a 180 ºC, lo suficiente para que la superficie que va a recibir el relleno quede sellada. Se sacan los moldes y se rellenan con cuidado de no quemarse, aunque también se pueden dejar enfriar un poquejo: se pone la cucharada de tomate bien extendida, sobre ella se casca el huevito con precaución y por último se añaden los guisantes previamente cocidos y el jamón o chorizo sin freír.


Se meten las tartaletas así rellenas al horno. El tiempo es corto, pero no me atrevo a decirlo con exactitud porque depende de cada horno (alrededor de 10 minutos). Lo ideal es que se cuaje la clara y quede la yema líquida, pero ya veis que a mí se me cuajó todo, ocurre en un abrir y cerrar de ojos, grrrr. Hice una segunda tanda, montando las tartaletas sin las yemas, dejándolas aparte, para meterlas dos minutos al final. Así te aseguras de que quedan líquidas, para que sus jugos empapen bien todo el platillo al comerlo... y la barbilla del comensal... ñam. A pesar de las imperfecciones, a D. le encantaron... y a mí también... con un rico vinito tinto... constituyen un aperitivo muy racial. (¿Por qué será que acabo casi todos mis posts bebiendo?)


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Brioche de clase media

>> domingo 18 de octubre de 2009


He hecho brioche pocas veces, y no se acaba de dejar dominar, el muy díscolo. Con las recetas en ocasiones tengo suerte y me salen bien a la primera, pero otras veces se me resisten, las condenadas, como en este caso. El anterior brioche que preparé salió riquísimo, muy esponjoso, pero me había pasado un pelín en el levado, debido a que tuvo que esperar su turno para entrar en el horno. Le tocó hacer cola detrás de un asado y un pan... si es que necesito un segundo horno, os lo tengo dicho. Creo que a este brioche que hice el fin de semana le ocurrió justo lo contrario que al anterior: no lo dejé levar suficiente. Pero salió tan bonito, que no me resisto a publicarlo.


Lo de brioche de clase media viene de la clasificación que de ellos hace el señor Peter Reinhart en su libro El aprendiz de panadero en función de la cantidad de mantequilla, que en tiempos era el ingrediente más caro. El brioche de rico tiene aproximadamente el mismo peso de mantequilla que de harina, el brioche de pobre tiene la cuarta parte de mantequilla que de harina y el brioche de clase media... pues está justo a mitad de camino. Como la vida misma, qué cachondo. Sin embargo, la receta la tomé del libro 100 Great Breads, de un tal Paul Hollywood. Utilicé esta porque la elaboración es más corta que la del señor Reinhart (sí, siempre con problemas de tiempo). Este prepara una esponja que hay que dejar levar, para luego mezclarla con los restantes ingredientes, amasar y dejar la masa en el frigo toda una noche. El señor Hollywood se salta la esponja, hace la masa directamente y se queda tan pancho.

Brioche de clase media de 100 Great Breads

  • 375 g de harina de fuerza
  • 40 g de azúcar
  • 15 g de levadura fresca de panadero
  • 1 pellizco de sal
  • 75 ml de leche
  • 3 huevos medianos
  • 185 g de mantequilla a temperatura ambiente
Se mezclan todos los ingredientes excepto la mantequilla en un robot o a mano con gran dedicación y se amasan, unos cinco minutos a máquina y unos ocho a mano, hasta que la masa esté fina y elástica. Se añade la mantequilla en pedazos y se sigue amasando, otros cinco minutos en robot y 10 minutos a mano. Se mete la masa en un cuenco, se tapa bien y se deja toda la noche en el frigo.



Al día siguiente se saca la masa y, fría como está, se toman porciones de unos 60 g y se hacen bolitas. Resién me acabo de dar cuenta de que salieron 13 bolitas. Me sobró una bolita más grande que modelé como brioche a tête y horneé en un molde de muffin. Se lo zampó mi hijo mayor sin anestesia ni nada, según salía del horno. Qué bien se cría él, no es porque yo sea su madre... A lo que vamos: se modelan las bolitas y se van poniendo en el molde con la unión hacia abajo (se moldean como si se estuviese haciendo un hatillo), dejando espacio entre ellas porque crecen mucho. Se tapa la masa y se deja levar como mínimo hora y media. Yo lo tendría que haber dejado algo más, pero tenía que hornearlo para llevarlo a casa de mis padres como postre de una comida familiar... así es de dura mi vida. Mientras tanto se pone el horno a precalentar a 200 ºC. Cuando el horno está bien caliente se mete el brioche y se deja unos 20 minutos. Se puede pincelar con yema de huevo antes de meterlo, pero yo preferí hacerle un glaseado posterior (jolín, que parece que luego nunca encuentro la ocasión de utilizar las claras congeladas), para lo que usé unas dos cucharadas grandes de mermelada de albaricoque, sin tropezones, con una hoja de gelatina disuelta. Se pincela el brioche cuando ya está templado y se deja escurrir.


Y... se degusta como postre con una copa de cava... o dos... o tres, que seguro que va estupendamente para matar el virus de la gripe A. Lo que sobre se puede cortar en rebanadas y tostar para el desayuno... aquí no se tira nada, que estamos en crisis.


¿Te pica la curiosidad?

Acerca de este blog

El placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de las viandas, sino por la reunión de amigos y la conversación.

 Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.). Orador, prosista, político y filósofo romano.

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