Buñuelos de Todos los Santos
>> martes 3 de noviembre de 2009

Pues sí que es original esta mujer, estaréis pensando... sí, pero comprendedme, que esta receta va dirigida a los habitantes del mundo que no parlan español, los que leen mi blog en inglés... que sí, que hay gente que lo lee, lo juro por Snoopy. Y al igual que con otros platillos, aquí estoy yo para proclamar la buena nueva de los buñuelos por todo el mundo y, si va acompañada de degustación, mejor que mejor. Aprovecho para mandar esta receta al HEMC de este mes, patrocinado por Erika, de La ventolera, que ha elegido como tema las recetas de mi pueblo. No del mío, del de cada uno. Que todo hay que explicároslo, hombre. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, dadas las fechas que son he elegido un dulce típico de la región de Madrid, aunque también de muchos otros lugares: los buñuelos. Se consumen a millares para festejar el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, como ilustración inequívoca del refrán que dice "el muerto al hoyo y el vivo al bollo"... ays.
Los buñuelos son unos dulces redonditos con diversos rellenos. La base es una masa tipo choux que, a diferencia de esta, se fríe en lugar de hornearse. Al freír la masa se hincha y ahueca, razón por la que estos dulces sin rellenar se llaman buñuelos de viento. Una vez fritas las bolitas se rellenan con nata montada, crema pastelera, crema de chocolate... en los últimos años se ha innovado mucho en el tema de los rellenos, pero a mí me gustan los clásicos, qué queréis que os diga.
La receta que he utilizado, tanto para la masa como para el relleno, es del libro de la Thermomix 21, de modo que quienes tengáis el aparatejo ya sabréis cómo hacerlo todo.
Buñuelos de viento (receta de Thermomix)
Se pesa la harina, se mezcla con la levadura y se reserva. Se calienta el agua con la mantequilla, el azúcar y el pizco de sal hasta que hierva. En este momento se quita el cazo del fuego y se echa la harina de golpe, al tiempo que se remueve enérgicamente. Se vuelve a poner al fuego y se remueve hasta que se hace una bola. Ya fuera del fuego, se deja enfriar un poco y se van añadiendo los huevos batidos poco a poco, mezclando bien entre porción y porción de huevo. Se deja templar otro poco.
Se pone aceite de girasol a calentar en una sartén honda a fuego medio. Se pone el aceite necesario para que los buñuelos floten cómodamente. Se van cogiendo con dos cucharas de postre bolitas de masa más pequeñas que una nuez, pues al freírse casi cuadruplican el volumen, que se van zambullendo en el aceite. Los buñuelos son unos pequeños entes muy colaboradores, que se dan la vuelta ellos solos cuando están hechos por un lado. Qué majos, ellos. Dejadlos que se doren bien, si no han cuadruplicado su volumen es que igual no están bien hechos por dentro. Por cierto, que si a alguien le salen redonditos como los de las confiterías, que me diga cómo lo hace. Mis buñuelos son muy suyos y adoptan la forma que les da la real gana. Cuando están doraditos y bien inflados se van sacando con una espumadera. Se dejan enfriar.
Crema pastelera para relleno (receta de Thermomix)
Se echan todos los ingredientes en la Thermoflix y se procede como dice en su libro de recetas. Si no tenéis, pues ya sabéis, en un cazo sobre el fuego, mejor al baño María. Se remueve, se remueve y se remueve hasta que la crema empieza a cuajar. En cuanto alcanza la consistencia deseada, se quita del fuego y se vierte en un recipiente amplio y llano, y se tapa con film de plástico para que no forme costra. Se deja enfriar.
Con la crema a temperatura ambiente se llena una manga pastelera con boquilla fina, se perfora cada buñuelito (qué dolor) y se introduce el relleno. Esto de la manga pastelera es una castaña de aquí te espero... Reconozco que me comí unos cuantos buñuelos sin rellenar mientras rellenaba los demás, estaban tan ricos... En fin, si se quieren consumir los buñuelos ipso facto se espolvorean con azúcar glas y se degluten... sin compasión. Aunque me esté mal el decirlo, la crema salió exquisita. El ron añejo de Venezuela traído por una pariente lejana surtió un gran efecto, le daba un sabor delicioso.
Animaos a hacer estos buñuelos. No es ni la mitad de difícil que parece y el resultado merece la pena, están tan ricos o más que los comprados y sin conservantes ni colorantes... Eso sí, es un pelín laborioso, pero es solo una vez al año. Bueno, si queréis hacerlos más veces al año, ya es cosa vuestra...





















